UN MUNDO MÁS HERMOSO, NO ESTÁ EXENTO DE DOLOR

Uno de los signos de los tiempos que más me gustan en este siglo, es la actitud de los jóvenes frente a la vida, decididamente más inclusiva, más universal, menos egocéntrica, más comprometida con el planeta y con todas sus formas de vida.
En este caso el concepto de vida que los jóvenes lo han vuelto más amplio, con rasgos diversos a los de quienes fuimos educados pensando que es un privilegio exclusivo del ser humano el haber sido hechos a la imagen y semejanza de Dios, sin incluir a otras formas de vida, consideradas de segunda categoría, sin alma, sin derecho a ser conocidos, respetados, protegidos e incluidos en el mundo que es de todos.
Los jóvenes están construyendo un mundo mejor, cuando le dicen sí a la diversidad y esto es notorio si en su círculo más íntimo se pueden encontrar narices frías, ojos inquietos, saltos, maullidos, ladridos, pelos, olores diversos, veterinarios, vacunas, a cambio de afecto, risas, abrazos, preocupaciones, colas inquietas y amor a raudales.


