¿Y AHORA QUE VOY A SEGUIR?
Ejerzo la docencia desde hace más de treinta años y aún me afecta la imagen de un joven de 18 años, que con su diploma de bachiller en la mano, no tiene idea de que carrera seguir en la universidad y ni qué hacer con su vida.
El primer impulso es despotricar contra el orientador vocacional, la institución educativa o contra el gobierno que exige a los jóvenes rendir el examen Nacional para la Educación Superior y que les permitirá acceder a una profesión de nivel universitario, de acuerdo a la nota alcanzada por él en el examen, de un listado de instituciones de educación superior y de un grupo limitado de profesiones.
Creo que es necesario retornar la mirada a los fundamentos de la educación misma, que se perdió en sus buenas intenciones, que se extravió entre adverbios, sujetos, predicados, logaritmos, fotosíntesis, células, cadenas montañosas, capitales de Europa, seno, coseno y tangente, el verbo to be, El Excel, el Power Point, las culturas Mayas, los Incas, los Quitus o el Pueblo Pasto.




