Dentro del Macrocosmos de las Mariposas
Algo que aprendí durante los siete años que residí en la maravillosa ciudad de Tulcán es que la naturaleza jamás deja de sorprender, sin importar el rincón del mundo donde uno se encuentre. Desde pequeño he albergado una profunda curiosidad por los insectos, aunque, por supuesto, llamarlos simplemente «insectos» es reducir un universo tan vasto que la palabra pronto queda corta. En este caso, prefiero llamarlos lepidópteros: las fascinantes criaturas que integran la gran familia de las mariposas.
Aunque la mirada común pueda asumir que todas son iguales, la realidad es que habitamos un mundo de diversidad asombrosa. Las hay diminutas, casi imperceptibles, y otras tan imponentes que rivalizan con la palma de una mano. Y si bien comparten una taxonomía similar, su singularidad nunca deja de maravillar al observador atento.
Recientemente tuve la oportunidad de adentrarme en el Centro de Mariposas Cockrell, en Houston, Texas. Este santuario alberga cerca de mil quinientas mariposas de sesenta especies distintas, todas congregadas en un mismo ecosistema. El entorno, de una arquitectura que impone, simula una selva tropical donde una cascada y una exuberante variedad de plantas conviven al unísono con los lepidópteros.
Es una experiencia que bien podría denominarse al estilo National Geographic; un ejercicio puro de observación, paciencia, seguimiento y fotografía. Capturarlas con el lente puede tornarse un desafío complejo, pero es precisamente esa dificultad la que aviva el interés del viaje.
Después de todo, esa es la verdadera promesa de este entorno: hacerte sentir, aunque sea por unas horas, como un auténtico explorador en tierras indómitas.
Al final, uno comprende que «las cosas hermosas, no buscan llamar la atención».

Por Diego Fung


