La Señora Muerte

La Señora Muerte.

Hace muchos, muchísimos años, vivía un hombre que deseaba co­nocer personalmente a la Muerte. El propósito de semejante inten­ción era expresar su agradecimiento, por­que consideraba que era la única persona -si así se puede llamar- que vivía sobre la faz de la tierra, que es de una equidad tan admirable que no reconoce ni a ricos ni a pobres, ni a blancos o negros, peor a niños y viejos. Cuando es la hora, no hay quien pueda replicar.

Negros de La Concepción llevan un muerto en chacana

Este singular personaje pidió a su mujer que le alistara algo de comer para el viaje. El pedido consistió en una galli­na asada, con aliños olorosos. Fue así como una mañana emprendió su pere­grinación para conocer a la Señora Muerte, como dio en llamarla. Iba en un brioso caballo y aunque anduvo mu­chas leguas nunca se encontró con la Señora Muerte. Más una tarde de niebla, en la encrucijada de un sendero divisó un caballo y un jinete que llevaba una guadaña, envuelto en una enorme capa negra. Era la Señora Muerte.

Aquel niño

Aquel niño

En un pueblo muy bonito vivía José, hijo de una modesta familia, una mañana se levantó muy emocionado y pidió a sus padres que le compraran, una bicicleta, un nintendo, un carro de juguete con motor, varias docenas de caramelos, confites y golosinas.

Ante esto los padres que no tenían los recurso le dijeron: que le comprarán todas esas cosas con una condición; y esta era que él primero traiga algunas cositas como:

LOS TRES CONSEJOS

Los Tres Consejos.

 

Un hombre estaba decepcionado de la vida. Para apaciguar a su corazón emprendió un largo viaje sin ninguna brújula. En un camino un tanto extraño, encontró con un anciano que le hizo una propuesta: entregarle tres consejos a cambio de todo el dinero que llevaba. El hombre aceptó.

Mientras seguía su camino, encontró un atajo que lo llevaría más rápido, pero se acordó del primer consejo que había comprado:

"No andarás por caminos extraviados"

y siguió por el Camino Real tranquilamente. Al llegar al lugar donde terminaba el atajo, se enteró de que unos asaltantes habían matado a un hombre, el viajero pensó: estuvo bueno comprar el consejo.

El Diablo

El Diablo.

 Cruz de piedra del cementerio de Mira

Cuentan los abuelos, que un hombre al verse tan pobre, decidió hacer un pacto con el diablo, se encontró con él en un lugar determinado y llegaron a un acuerdo:

Dentro de cierto tiempo ambos vol­verían al mismo lugar, pero llevando ca­da uno un animal diferente para que el otro le reconozca.

Regresó a su casa sufrido por haber hecho este pacto ya que si perdía la apuesta tenía que entregar su alma al Diablo. Pero si ganaba, el Diablo debía entregarle una carga de plata.

El Negro y El Diablo

 El Negro y El Diablo.

Un negro se encontraba en su huerta y tenía que regar una plantación de camotes, pero co­mo no le gustaba trabajar decía: "por ete guacho voy, por ete vengo, ne­grito échate a dormí " y así pasaba el día entero sin hacer nada.