El nacimiento del volcán Chiles

El nacimiento del volcán Chiles

 

...Pero se cuenta por ahí, que, en cierta ocasión, la luna se atrevió a pasear por las lagunas que se encontraban cerca de un territorio donde vivía un extraño poeta, solitario y vagabundo como el viento del páramo frío.

Aquella noche, se dice que los ancianos delante del fuego relataban viejos cuentos de anocheceres y amaneceres estelares.

El invisible

El invisible

Antes de las cinco de la tarde, Humberto, llega a su vivienda: un cuarto pequeño al fondo del patio, tras la casa grande en donde vive la familia, está acostumbrado a su viejo rincón de adobe y teja que desde joven habita. Las paredes conservan un poco de color blanco y el piso de madera qué cada invierno se pudre más, aguanta la cama de Laurel. Ahí lanza su cuerpo pesado y cansado, suelta el maso que lleva para trabajar, con el que lava ropa ajena y respira.

Luego de descansar enciende el foco que hace de lámpara y que reposa en la vieja mesa de madera, regalo de algún vecino. Piensa en la muerte, esa lejana amiga que no ha querido llegar hasta su morada, por más que la ha invitado, con ruegos de rodillas, con claros intentos a chuchillos, con ansias por querer embarcarse con ella. Rememora a la madre, pálida, rígida, muda, tendida en esa mesa de la sala, con dos velas grandes a sus pies, recuerda como le decía al oído: no te vayas sola, llévame contigo, le susurraba que se iba a portar bien y que no tendría esos arranques de ira, estaba seguro de convencerla, pero alguien, un hermano, un sobrino, una cuñada, no recuerda bien, lo aparto cuando la rezadora dijo: quiten de ahí al loco, quien sabe lo que le hará a la pobre difunta.

La Meche

La Meche

 

Son las tres y media de la madrugada, Mercedes apaga el despertador y empuja las cobijas a un lado, se levanta, automáticamente va a la cocina y prepara un café muy cargado, camina a la cama de su hija, Alexandra, la despierta con un beso porque hoy tendrá que acompañarla a trabajar. Ropa abrigada y zapatos cómodos, a las cuatro madre e hija están listas para subir al pequeño y viejo automóvil que aguarda en la vereda de su casa pues en ese barrio no hay espacios para garajes.

Toman el camino hacia las dos fincas qué ahora sirven de paso a Colombia, llevan una lista de pedidos de todos los conocidos de Tulcán, Ibarra y Quito.

La Meche, como le decimos de cariño, hizo esos recorridos por todos los pasos de a pie hasta que consiguió que su padrino le prestara un carrito maltrecho pero que le ayudó a levantarse luego que el marido la abandono en plena pandemia y la dejó con una hija pequeña a cuestas y un montón de deudas que pagar.

RUPERTO Y SU TORTUGA

RUPERTO Y SU TORTUGA

Había una vez un niño que se llamaba Ruperto, él tenía una tortuga de mascota de nombre Roko que vivía en un estanque, cerca de allí había algunos niños jugando, y entonces Ruperto fue a visitar a su amigo Roko, los niños que estaban jugando, y uno de ellos en un instante boto la basura en el estanque y entonces Ruperto lo vio, y le dijo amablemente, por favor puedes dejar de botar la basura y que le ayuden a limpiar. Los niños lo pensaron y le respondieron que sí y entonces fue a ver como estaba Roko.

El caminante

El caminante

 

El Toño empuja su carro reciclador que fue armado con fierros viejos encontrados en la basura. Desde muy temprano sale de la pieza que comparte junto a una veintena de paisanos, en una casa cerca del río Tajamar. Desde el filo de esa casa sembrada en la ladera de la ciudad, el Toño recuerda cuando soñaba con ser arquitecto y construir edificios ecológicos ¡sí! un día creyó en el futuro, pensó que podría ser profesional, tener una vida mejor; incluso cuando la cosa se puso fea y salió de su tierra, lo hizo con una maleta cargada de proyectos, que poco a poco se fueron gastando. Ahí donde se lo ve, él se graduó del bachillerato con excelentes notas, le encanta dibujar y lee todo lo que encuentra a su paso; pero la vida es así, ahora, se lo mira, caminando por todas las calles de esta fría ciudad, rebuscando en la basura, tesoros escondidos, ya que no solo recicla papel, plástico y lo que pueda vender, también le da uso a todo aquello que su creatividad le permite, porqué para recursivo es número uno, y así, llegó a armar una especie de cama con toda esa madera que consiguió en los contenedores, y con esas ropas viejas formó un colchón, en el que todas las noches luego de esa larga jordana, tipo once, se recuesta junto a su hermano.