Toda mi vida consciente tuve una fantasía, quemar el currículo
Publicado en YouTube, en: https://youtu.be/L0HdNlQW6Bw
Toda mi vida consciente tuve una fantasía: llevar a la hoguera el currículo de la escuela, porque yo sabía que, de lo poco rescatable, lo indispensable: leer, escribir, sumar, más que restar, multiplicar, más que dividir. había mucha basura que no servía para nada.
Para identificar a los miserables que decidieron lo que debíamos aprender, la basura útil para un sistema que solo nos utiliza, que jamás conoce nuestro rostro y que nunca nos llamará por nuestro nombre, pero que sabía con absoluta crueldad lo que NO debíamos aprender, entonces dejaron a un lado el pensamiento crítico, el trabajo en equipo, la empatía, la generosidad, la solidaridad.
No pretendo sonar a un tipo que abraza la autoayuda o que maneja con palabras lo que desde hace dos mil años ya lo dijeron en el “Libro de los Hechos de los apóstoles” y que sirvió de inspiración los que creen ser dueños de “lo políticamente correcto” o de los que creen que están “del lado correcto de la historia”.
Alguien decía que “solo son valores”, pero como me hubiese encantado quemar la basura que venía en los libros y en la mente de los maestros sin alma, de los mercenarios de la educación que solo sabían obedecer y mandar, cumplir a cabalidad los programas por los cuales cobraron un sueldo sin sabor y sin alma.
Para reemplazarlos con personas vitales, alegres, coherentes, que viviesen los valores y que enseñasen de manera lúdica, atractiva, sugerente, cargados de un “erotismo” inocente, materias que construyan de manera practica el pensamiento crítico, el trabajo en equipo, la empatía, la generosidad, la solidaridad.
Para aspirar a tener ciudadanos fraternos, creativos, felices, magníficos y no esperar que la solidaridad que brote del azar, como un milagro, como una bendición de Dios o como un maná caído del cielo.
Gente que de forma natural colabore, apoye y se funda con otros, para dar la mano y dar la vida por los vulnerables o por los necesitasen apoyo, o un apretón de manos, como resultante de la otredad.
Aunque sería tristísimo que solo fuese una fantasía o una utopía que jamás se pueda cumplir, aunque se me vaya la vida en ello.
Jorge Mora Varela

