Yo nací, crecí y forme mi juventud con las ideas del Concilio Vaticano II y sobre todo con la propuesta de la Teología de la Liberación para América Latina, como: la opción preferencial por los pobres, la conciencia del pecado social y de la necesidad de la liberación. Por esta razón, cuando le escucho al pontífice de la Iglesia Católica referirse con frecuencia a la presencia del “maligno”, debo decirle:
QUERIDO PAPA FRANCISCO, NO ME AGRADA SU DISCURSO
Desde el inicio de su pontificado el Papa Francisco, tuvo una propuesta comunicativa, marcada por la influencia de su lengua materna, español argentinizado y como era de esperarse los expertos en teología del Vaticano, se esmeran en explicar y justificar que los términos que usa el pontífice, aseguran que él los “transfigura” y los convierte en un sentido positivo.

Sin embargo, no me resulta fácil asimilar el mensaje papal, cuando con frecuencia el Papa afirma que:
- “el diablo no es un mito y debemos combatirlo”, o
- cuando invita a “luchar contra el maligno y a desechar los egoísmos para vencerlo”, o
- cuando, alerta a los católicos “de las asechanzas del diablo”, o
- cuando explicó que así como el demonio “tentó a Jesús tantas veces y él sintió en su vida las tentaciones”, porque “También nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere que seamos discípulos de Jesús”, o
- porque “la corrupción es hacerse seguidor del diablo, padre de la mentira”, o
- porque según él, “existe el demonio y hay una guerra contra la verdad y la vida”…


