Una apreciación crítica al primer año del gobierno ecuatoriano, mayo 2017 - mayo 2018.
YO NO JUGARÍA “40” CON USTED PRESIDENTE MORENO, PORQUE NO SÉ A QUÉ JUEGA.

Me permito tomar la expresión del argot popular ecuatoriano, para manifestar mi desconcierto frente a la manera de gobernar del presidente ecuatoriano Lenin Moreno Garcés.
La perplejidad que me agobia inicia desde la manera en que se construyó su binomio y todo el desgaste que significó el desenlace posterior.
La selección de su equipo de gobierno con un abanico heterogeneo de tendencias, afectos y maneras de entender el mundo, desde los que siguen admirando a los íconos del socialismo del siglo XXI, junto a los fervientes seguidores del libre mercado.
Con decisiones que parecen destinadas a contentar y con ello a calmar a sectores tan diversos como los de la derecha política que buscaron imposibilitar al Econ. Rafael Correa para presentarse como candidato a la presidencia de la república, o los que buscaron la derogatoria de la ley de plusvalía que al parecer tranquilizó a los inversores, porque tienen la puerta abierta a la libre especulación de los precios de venta de los inmuebles.
O el retorno de las escuelas unidocentes para complacencia de algunos sectores indígenas y del magisterio o la entrega de algunos sectores estratégicos y rentables a políticos con un pasado cuestionable y no aclarado con suficiencia.




