QUE HIJOS DE P*%#

Cómo me gustaría vivir en un espacio-tiempo donde los actos que rayan en el delito social, (el robo, el abuso, los sobreprecios como los que en el ECUADOR de la PANDEMIA se denuncian y quedan en la impunidad) se castiguen con la MUERTE en la hoguera, la amputación o el flagelo público, a aquellos que en la jerga de pueblo se denominarían como:

¡QUE HIJOS DE PUTA!

Una PANDEMIA como la que nos aqueja es parte de realidad del mundo, no es la primera ni será la última y en tiempos de la hiperconectividad han quedado en evidencia una serie de responsables y culpables.

Las decisiones políticas de favorecer a una minoría poderosa, dueña del capital a costa de dejar en la precariedad y vulnerabilidad a la mayoría de la población en sectores como la salud donde por ejemplo sus profesionales  se exponen y mueren por NO tener las medidas de seguridad mínimas (dizque no hay presupuesto),  mientras se aprovechan de la situación y se benefician de SOBREPRECIOS inmorales en la compra de insumos.

Escuchamos con estupor al Viceministro de Salud a un ignorante (alguien que ignora), que aseguraba que usar implementos de seguridad a los médicos era innecesario , mientras el país tiene a muchos de sus  profesionales de la salud contagiados con el covil 19 o la muerte de médicos, enfermeras y personal de la salud, en un acto absurdo, inaceptable y condenable y a renglón seguido el Ministro de Salud está bajo sospecha de tener contratos millonarios en plena crisis  de salud.

Señor Presidente Lenín Moreno y Señor Juan Carlos Zevallos les exijo una explicación adecuada.

 

EL SILENCIO NO ES UNA RESPUESTA

EL CAMPANILISMO, LA DIVERSIDAD Y EL COSTO SOCIAL

Las crónicas cuentan que el "campanile" o campanario del pueblo “tenía que ser” más alto que el del vecino.

EL CAMPANILISMO, LA DIVERSIDAD Y EL COSTO SOCIAL

El campanilismo es una palabra italiana que define el afecto y la defensa ciega por la propia ciudad, por sus costumbres y tradiciones, que se manifiesta por el odio, la burla y la envidia, hacia los habitantes de las otras localidades.

En el Ecuador lo definimos como “regionalismo”, pero creo que tiene que ver con las mentalidades pequeñas, estrechas, limitadas y acomplejadas de quienes NO pueden aceptar que más allá de sus fronteras haya personas que podrían ser mejores que ellos; NO pueden aceptar la diversidad que fluye por todas partes, por efecto de la mundialización en este escenario de globalización.

Los pueblos tienen maneras de ser, de pensar y de actuar particulares que son válidas, todos tenemos formas y maneras de ser diferentes y debemos interactuar en el mundo interconectado y diverso.

LA OTREDAD EN TIEMPOS DIFÍCILES

La “otredad”: El reconocimiento del OTRO como un individuo diferente.

 

LA OTREDAD EN TIEMPOS DIFÍCILES

La presencia de un problema global en tiempos de la hiperconectividad permite mirar la diversidad de formas como cada ser humano, reacciona frente a un problema común, en este caso una pandemia universal, entonces aparece lo GLOCAL, donde cada uno “es” en un solo escenario, el mundo digital.

Entonces me queda la sensación de navegar en un mundo donde todas las personas gritan y donde nadie escucha, todos parecen preocupados en escribir y a nadie le interesa leer. Parecería que lo más importante es “vociferar” el punto de vista individual o de pequeñas logias, con el ánimo de imponer sus argumentos, como si fuese suficiente para deslegitimar a los otros.

EL PROBLEMA DEL MAL

Es evidente que los dioses no pueden con los problemas grandes, es el momento del milagro humano individual y colectivo.

 

EL PROBLEMA DEL MAL

Se ha atribuido al filósofo griego Epicuro (341 al 271 antes de Cristo) la formulación original del problema del mal

Podríamos hacer una pregunta a los dioses:

¿Por qué así existe el mal en un mundo?

  1. O Dios quiere impedir el mal y no puede,
  2. O puede impedir el mal y no quiere,
  3. O no puede y no quiere,
  4. O quiere y puede impedir el mal,

YO Y EL OTRO YO

Cuando las personas miren con atención al otro como a “sí mismos”

 

YO Y EL OTRO YO

 

Nunca he vivido un momento tan agobiante e incierto, de manera que siento el riesgo de la vida misma, la de mis compañeros de trabajo, las personas que conozco y sobre todo la vida de los seres que amo depende sobre todo de la cordura, la honestidad y hasta la voluntad de los otros.

Hay tareas personales de impacto comunitario a las que yo me obligo y las cumplo, pero hay tareas que dependen de otras personas que la magnitud de esa certeza me desborda, me desconcierta y me aniquila.