La poesía a la MADRE, a mi manera

La poesía a la MADRE, a mi manera

Homenaje Mama miniatura

La MADRE entendida como el ser humano femenino que ha dado la vida y por ello no ha perdido su humanidad, que no la anula, no la distorciona, no la victimiza, no la convierte en la heroína del segundo domingo de cada año.

TULCÁN UN PARAÍSO DE COLOR

TULCÁN UN PARAÍSO DE COLOR

Mujer de Tulcan

Me gustan las mujeres de mi pueblo,

porque ellas llevan en su mirada,

en sus vestidos y en su sangre,

los intensos colores del atardecer.

 

Los del rojo sangre,

que capturan los lentes de las cámaras,

de los que saben encontrar la belleza,

que nos regala Tulcán en cada atardecer.

De fondo y forma

Una manera de entender la poesía,

a mi manera.

De fondo y forma

 

De fondo para escribirla,

de forma para mostrarla,

 

De fondo para poder mirarme al espejo,

de forma para presumirla.

 

De fondo para pensarla,

de forma para jactarla.

LA ASOCIACIÓN DE EGRESADOS DE LA ESCUELA SUPERIOR DE LA POLICÍA NACIONAL, CELEBRÓ 50 AÑOS DE CREACIÓN

LA ASOCIACIÓN DE EGRESADOS DE LA ESCUELA SUPERIOR DE LA POLICÍA NACIONAL, CELEBRÓ 50 AÑOS DE CREACIÓN

La Asociación de Egresados de la Escuela Superior de Policía Nacional celebró con algarabía, con sentido de pertenencia y con orgullo sus 50 años de fundación y las ideas fundamentales que se escucharon de forma recurrente en la sesión solemne realizada en sus instalaciones fue la de:

Egresados ESPN

“Haber servido a la patria”

y

“La satisfacción del deber cumplido”

En tiempos del relativismo postmoderno estas frases hablan de personas orgullosas de haber pertenecido a su institución, de haber llevado su uniforme “verde oliva” y de haberse sentido útiles a la patria, resulta conmovedor y aleccionador.

LA MONTAÑA Y YO

LA MONTAÑA Y YO

Los significados de aquel momento no los había registrado en palabras, no obstante, sus lecciones han estado presentes en esos infaltables momentos agobiantes de la existencia, dónde cada persona y en soledad deberá confrontar cara a cara con la vida misma.

Todo empezó porque mis compañeros de aventura no pudieron acompañarme a la montaña, sin embargo, no podía renunciar a este momento simbólico y significativo del calendario y de la ritualidad alrededor de los amigos,  distintiva en la existencia de cada uno de nosotros.

Entonces el treinta y uno de diciembre del dos mil ocho, tomé mi vehículo y me dirigí al punto de partida. El día estaba nublado y no era posible mirar al monte, solo había que ajustar la vestimenta, respirar profundo y caminar como lo habíamos hecho tantas veces, esta vez en solitario.

No sabía si invocar a la majestuosidad del monte o pedir el auxilio al dios de mis padres o simplemente avanzar y así lo hice, caminar, hurgando las pistas por dónde atacar al monte desde el lado occidental.