Los Luchos
Como si se “conversaran…”
Como relojito… Como cada día, a la hora de almuerzo solían aparecer con diferente pretexto y, aunque yo prácticamente no les entendía nada, solían entablar sendas “conversaciones” con mi padre, don Félix Gabriel Jiménez.
Por sus gestos, señas y expresiones hablaban de política, comercio, cotidianidad y claro, cuando las manos tocaban la panza, era momento de pasar a la comida, objetivo de dicho sea de paso, cumplía a cabalidad el ‘Chifa Tulcán’ .
En días de feria, llegaban más temprano para evitar la espera y así, seguir con sus actividades. Al primero que conocí fue al querido y popular Luchito. Al parecer eran viejos amigos con mi padre, pues solía sentarse en una de las mesas del rincón y don Gabriel servía inmediatamente su comida; de vez en vez, se sentaba junto a él y con una sopita acompañaba su jornada hasta que algún cliente interrumpiera la “charla”.
Ya con la barriga llena, el famoso “mudo del hospital” realizaba algunas imitaciones que mi padre le indicaba y se marchaba contento para quizá volver a la hora del café o más tarde, en la cena.
Paralelamente solía ingresar otro gran comensal. Mi papá también lo llamaba “Luchito” y era vendedor del comercio. Dejaba el periódico y su valor se descontaba con una sopita de 70 u 80 sucres. Entre “conversación y conversación”, siempre pedía rebaja y eso era ley; al final, él cobraba su diario y dejaba unos billetitos por la comida ya que mi padre lo hacía de corazón.
En una ocasión, el “canillita”, un pequeñito de barba, cincuentón más o menos y que caminaba arrastrando sus pies, llegó mucho más temprano de lo normal. Estaba por demás contento y no sabía cómo explicar su emoción. Me asusté al principio porque me halaba del saco y casi a rastras me llevó a la caja. En señas, pedía… perdón, exigía la presencia de mis padres, quienes acudieron a su llamado.
- Qué quieres “Luchito”-, decía mi madre mientras recibía un periódico, El Comercio para ser más preciso. Mi papá también recibió otro ejemplar y lo hojearon con cierta prisa sin descubrir nada novedoso.
Entonces, el “Luchito” asentó el periódico en la mesa y abrió una de las secciones. Con su índice señalaba una gran fotografía sin que nadie dijera nada al respecto. Fue entonces cuando mi madre exclamó:
- Mijo, es mijo-, uniéndose a la emoción del “Luchito”. Mi papá levantó el periódico mientras yo estiraba el cuello para ver de qué se asombraban. Efectivamente, era una toma a 6 columnas que mostraba el parque Central de Tulcán al momento que un niño de 6 años jugaba en las “resbaladeras”… ese niño era yo.
Don Gabriel invitó los desayunos y mi mami se apresuró en recortar la foto. Fue la única vez que los Luchos llegaron en horarios diferentes, ya que parecía que se “conversaran” para siempre entablar “tertulias” a la hora del almuerzo.
Al amigo del periódico lo vi hasta los 9 años, cuando el Chifa estaba en la 9 de Octubre; al otro, hasta la fecha.
1. ‘Chifa Tulcán’ ubicado entonces, en la esquina de la Olmedo y 10 de Agosto. Frente al Municipio de Tulcán.
2. Los días de feria en Tulcán son los jueves y domingos. Antes copaban las calles Sucre y la Olmedo con sus respectivas transversales desde la Tarqui hasta la Pichincha.
3. Entiéndase como “comercio”, al periódico y/o rotativo impreso en general.
Por: Milton Froilán Jiménez
#ElAmigoFroy

