MIRA:

LA IMPONENTE TERRAZA CARCHENSE

Ecuador, tierra de volcanes. El cuarenta por ciento de su población vive bajo estas majestuosas montañas, que han convertido al país, pose a estar en la zona tórrida, en un lunar de nieves perpetuas y una geografía deslumbrante, donde a veces, como en el caso del Tungurahua o el Sangay es posible mirar su proceso eruptivo. Poder contemplar estos colosos es siempre un atractivo, cuando se asciende a estos sitios, pero divisarlos desde una población es un privilegio. Mira tiene ese don.


Este tradicional pueblo está asentado en la provincia del Carchi, donde únicamente el siete por ciento de su geografía es de planicie. Mira tiene una de los miradores más espectaculares de la Sierra Norte ecuatoriana. Por este motivo, viajeros y cronistas que llegaron a través de los siglos, encontraron el argumento para sorprenderse. En la primera Real Audiencia de Quito, la Misión Geodésica Francesa para realizar la medición del meridiano terrestre. Florence Trystram señala: "Separados en dos equipos, Bouguer y La Condamine por un lado, Godín y los oficiales españoles Jorge Juan de Santacilia y Antonio de Ulloa por el otro, no escogen ni las mismas estrellas ni los mismos observatorios: la estrella elegida por Bouguer y La Condamine es el de Orion, mientras Godín prefiere q de Antinous. Bouguer y La Condamine instalan sus observatorios en Cochasquí al norte de Quito y en Tarqui al sur de Cuenca; Godín y los españoles colocan los suyos en Mira, al norte y en Cuenca al sur". En el año 1744, encontraron que Mira era el lugar ideal para instalar una oficina para continuar los estudios de observación de la triangulación, pero las condiciones atmosféricas entorpecieron sus trabajos, por lo que dejaron el OBSERVATORIO DEL PUEBLO VIEJO DE MIRA donde se habían instalado para regresar a Quito.

Teodoro Wolf (1975) refiriéndose a los ríos del Carchi, manifiesta: "El de Mira tiene celebridad en la historia geográfica del país, porque hasta aquí los Académicos Franceses extendieron sus trabajos geodésicos en el siglo pasado" (p.138). Y reitera "Solo Mira tiene fama histórica, por formar el término septentrional de los trabajos geodésicos de los Académicos Franceses en el siglo anterior", (p. 596).

 

Mira, es una población que se halla ubicada en un lugar privilegiado de la geografía cárchense, está a 2400 m.s.n.m., a 0°33'12" de Latitud Norte y 78°03' de longitud occidental; asentada entre el cerro Iguán y el río Chota, que como bien lo define uno de sus nombres primitivos Chota guapi, es un pueblo que está bajando al valle.


Desde aquí se puede divisar un horizonte amplio y maravilloso, compartido por dos provincias hermanas Carchi e Imbabura.

Comenzando por el norte y siguiendo al este el horizonte se halla dibujado por el cerro Iguán, el volcán La Cocha, la loma de Yascón y parte de la de Cabras, un sector de la Cordillera Oriental de Los Andes; al sur, las nieves eternas del Cayambe, el Cubilche y el Cunrru, el majestuoso e imponente Imbabura, la loma de Aluburo que no permite ver la ciudad de Ibarra, por encontrarse a menor altura sobre el nivel del mar que Mira, pero en noches despejadas, el resplandor de la gran ciudad blanca ilumina el cielo y puede ser observado desde acá; los picos del Nudo de Mojanda: el Cushnirumi, el Fuya Fuya, el Huayrapungo, en la Cordillera Occidental: el Cotacachi, El Muyurcu, la Loma de Yerba Buena, el Pulumburo y el Yanaurco de Piñán.

Encerrados entre estas montañas están: San Vicente de Pusir, el valle de Ambuquí con el cerro del Pinllar, Pimán, antigua hacienda que sirvió de inspiración a Gonzalo Zaldumbide para escribir su gran obra, la Égloga Trágica, la parroquia de San Antonio de Ibarra, Atuntaqui, Cotacachi y más pueblos pequeños que se asientan a las faldas del Imbabura en su sector norte y noroeste; el valle de Salinas, las poblaciones de Urcuquí, San Blas, Pablo Arenas y otras más.

Es por esta vista privilegiada que el historiador carchense don Eduardo (Nalo) Martínez, bautizó a este pueblo como "LA IMPONENTE TERRAZA CARCHENSE" y confirmando este acierto el periodista Fernando Villarroel la llamó "BALCÓN DE LOS ANDES", con justos méritos para ello.

Tomado del Libro “MEMORIAS DE MIRA”
Autor: Rosa Cecilia Ramírez Muñoz