EN TULCÁN CIRCULA MUCHÍSIMO DINERO, PERO ¿EN MANOS DE QUIENES?

Señores #Lenin #tulcanmunicipio #GADCarchi #TulcánOnline #PublicosEC Mientras NO se entienda el problema estructural de la ECONOMÍA DE FRONTERA, NO es posible solucionar el problema del Carchi. 

“EL DÍA DE LA MARMOTA”

LA ECONOMÍA SUBTERRÁNEA EN LA FRONTERA

Creo que la vida en los pueblos de la frontera se parece al argumento del film norteamericano de 1.993 “El día de la Marmota”; cada mañana en las calles, se repite de forma idéntica, las mismas rutinas, movimientos, miradas, personajes que interpretan una y otra vez, su cansina, aparentemente pacífica y monótona cotidianidad.

Es la historia de pueblos que en teoría viven desde hace más de medio siglo una crisis económica y que según las opiniones de los expertos de escritorio y los datos estadísticos de los organismos recaudadores de impuestos estatales, los mantiene en estado de pobreza crónica y de inviabilidad.

Sin embargo los pueblos NO han muerto, ni lo harán, ellos aprendieron a sobrevivir de otras maneras, desarrollaron habilidades para mantenerse en el tiempo, para educar a sus hijos, para construir sus hogares, para garantizar la sostenibilidad de sus familias y así lo hacen desde que se crearon las fronteras políticas de los países en el siglo XIX.

  • Abuelo, cuéntame, ¿en qué trabajabas cuando eras joven?
  • Hmm… Nosotros traíamos la cebada en los camiones, antes de llegar, cuando caía la tarde, nos deteníamos en las lomas altas cerca de la ciudad y esperábamos la señal que nos indique que las autoridades de control se retiraron a sus cuarteles y con las luces apagadas, cruzábamos al otro lado y así mismo hacíamos de regreso con la mercadería que traíamos para acá…

“EL DÍA DE LA MARMOTA” se ha repetido por más de medio siglo, en la mañana se repite la rutina, hasta esperar el momento más oportuno para pasar al otro lado con sigilo o con la complicidad de las personas claves y sin que “nadie” lo note.

Entonces el pueblo NO muere, ni se extingue, porque al otro lado existe oferta y demanda, al igual que en nuestro lado con nuestra producción y requerimientos, NO siempre libre de culpas y pecados, NI de culpables y pecadores, comerciantes simples, guerrilleros o narcotraficantes, que demandan alimentos, medicinas, vestuario, materiales de construcción, combustibles, repuestos automotrices, tecnología, gadgets, entre tantas y tantas variedades de productos que se comercializan en la frontera.

Es un error pensar que la delincuencia o los grupos insurgentes o los ciudadanos comunes solo compran o venden armas, precursores o droga, ellos al igual que el resto de la población, demandan y consumen lo que cualquier ciudadano lo hace en la cotidianidad.

Incentivados por las enormes asimetrías de los precios de los productos y/o servicios entre países, producto de la cobardía o la irresponsabilidad de los gobiernos que NO han podido o NO han querido intergrarse, asumir políticas globales, que tienen costo político, pero que permitirían arrancar de raíz el CONTRABANDO, el tráfico ilegal de productos, la injusta acumulación y repartición de la riqueza, el desempleo o la postergación.

Funciona la “economía subterránea”, definida como una amplia variedad de actividades ilegales, en el mercadeo oculto y a la vera de los canales oficiales, de bienes, servicios y flujos financieros, que no se informan, ni se registran, por lo tanto están al margen del marco legal de cada país, pero que de alguna forma se “blanquean” y pasan a formar parte de la economía lícita de los países involucrados.

Estas prácticas son “Vox populi” y se incrementan cuando se acrecienta la conflictividad de un país o una región, por esta razón y ante la imposibilidad de terminar con la demanda internacional de estupefacientes sobre todo en los países más ricos del mundo y con el retorno a las armas de una fracción la guerrilla colombiana, o la cobardía y el aislacionismo injustificable, la “economía subterránea” en la frontera norte va a vivir una nueva temporada de “bonanza”, que quedará en las manos de los que van al margen del sector formal a costa de la postergación de las mayorías que van por el camino de la legalidad que los aisla y NO les permite desarrollarse.

Ante esta realidad los gobiernos de los países involucrados, podrían:

  • Hacerse una vez más los de la vista gorda,
  • Incrementar el gasto y presencia militar, a sabiendas que no funciona,
  • Llamar a que intervengan los Estados Unidos,
  • Buscar y construir espacios de integración y colaboración política y económica,
  • Abogar como región, para se cumpla con el acuerdo de paz,
  • Diseñar nuevos conceptos y prácticas comerciales entre países,
  • Esperar a que las autoridades terminen su mandato y dejen que otros tomen esta “papa caliente”, o,
  • Rogar para que ocurra un milagro divino, que termine con los males del mundo.

 

En fin…

 

Jorge Mora Varela