Nicolás Maduro asume el poder por segunda vez 2019-2024.

Venezuela raya en lo patético, viven entre la hiperinflación, el desempleo, el desabastecimiento crónico, la cerrazón de su clase dirigente, la oposición inútil, la actitud pasiva de su población, quienes parecen haber perdido la inteligencia, víctimas de la estupidez humana.

RÉQUIEM POR VENEZUELA

Jorge Mora-Venezuela

El hecho que el 10 de enero de 2019, Nicolás Maduro, asuma por segunda vez el mandato en Venezuela, confirma el triste colofón de una lucha larguísima aparentemente sin sentido, sin salida y sin solución, donde han fracasado las protestas callejeras, los diálogos, las negociaciones, las estrategias políticas, las intervenciones papales, las manipulaciones, las sui generis elecciones presidenciales.

Nada parece calzar en el intrincado problema de la patria del Libertador Simón Bolívar.

El caso de Venezuela raya en lo patético, en lo absurdo, en lo kafquiano, es la historia de un país fracasado, que vive su pesadilla de pobreza, de violencia, de inacción productiva, de sinrazón política entre el dominio del fracasado Socialismo del siglo XXI.

Así lo dice la hiperinflación, el desempleo, el desabastecimiento crónico y sobre todo la ceguera de su clase dirigente, la incapacidad de  la oposición política y la actitud pasiva de su población a quienes el poder político y el desastre económico parece haberles extirpado la inteligencia, la voluntad y la autoestima y solo encuentran la salida en el doloroso acto, resignarse al fracaso crónico o a la dolorosa decisión de abandonar su patria, porque en ella ya no les queda ninguna posibilidad de supervivencia, pues solo son víctimas inocentes de la estupidez humana.

Me parece inconcebible que la clase política de Venezuela se ciegue y no pueda mirar el dolor y el drama de sus ciudadanos más vulnerables y persista en discutir la constitucionalidad de sus alegatos, la validez revolucionaria de sus terquedades partidistas o la obediencia ciega a los supuestos mandatos de sus dioses políticos o pretendan solucionar sus problemas estructurales de violencia, de especulación, de desabastecimiento, con elecciones amañadas, en medio de ridículas interpretaciones de la constitución.

Sin reconocer el derecho de todos los venezolanos a tener un nivel de vida digno, porque es un país con los recursos suficientes y que deberían ser manejados por personas con sensibilidad e inteligencia, sin las taras de los dogmatismos o los fundamentalismos enfermizos, dañinos y paralizantes.

Los resultados de las elecciones de mayo 2018, los condenan a seguir sufriendo las consecuencias de la torpeza y ceguera política por al menos seis años más de una pesadillas que les podría traer la muerte y el olvido, con la complicidad de la comunidad internacional que al parecer solo se limitará repudiar las elecciones de presidente y a emitir sendas comunicaciones inútiles.

 

Jorge Mora Varela