EL CARPINTERO Y LOS DUENDES DE TOCTIUCO

En este año la temporada de lluvia fue larga e intensa, como pocas veces había sucedido; sobre la ciudad llovía casi de manera permanente y su fuerza se incrementaba de improviso. La tempestad venía acompañada con descargas eléctricas que se sucedían con ritmo frenético, esto marcaba en el horizonte un paisaje tétrico y al mismo tiempo cautivante.

Yo estaba solo en casa e intentaba trabajar un texto en mi ordenador, pero parecía una tarea imposible, se sentía un ambiente pesado y un ruido intenso que me incomodaba; de pronto me pareció sentir como que los muebles tenían vida y se movían, en ese instante se me erizó la piel, pero al mirarlos con detenimiento, todo parecía estar normal.

EL CARPINTERO Y LOS DUENDES DE TOCTIUCO

I

En compañía de mi esposa nos dirigíamos al almacén de muebles más exclusivo de la gran ciudad, algunos amigos nos habían comentado que allí se comercializaban unos muebles bellísimos, diferentes, que rompían con las líneas convencionales y que podían embellecer todos los ambientes de la casa de una manera artística.

Allí la oferta de muebles era amplia y maravillosa, fuimos deleitándonos con las exhibiciones, mientras hacíamos cuentas entre nuestras necesidades y el presupuesto exorbitante del lugar exclusivo.

Al salir de la mueblería, me quedé mirando como un grupo de  hombres de pequeña estatura descargaban de un enorme camión un sinfín de muebles, listos para la exhibición, me hice a un lado para permitir que ingresen al local comercial.

YO DECLARO

Yo declaro

Que luego de disfrutar los renglones transgresores,

de Nietzsche, Foucault y Bourdieu,

me permito tomar la libertad,

para poner en entredicho,

los dogmas del cura,

los saberes del maestro,

la sabiduría de mi pueblo;

esos que lucharon con pasión,

para que tatúe en las huellas de mí ser,

los mandamientos del deber y el no poder y me condenaron a:

 

Mi madre

Mi madre

 

Mirta Santacruz Delgado

 

“En la vida no hay desgracias, ni fortunas, sino maneras de entender las vicisitudes de la vida.” (Jorge Luis Borges- poeta argentino)

 

La muerte es un hecho doloroso, difícil de aceptar, y aunque estoy convencida de que la belleza de la vida radica en su finitud no siempre es fácil de entender cuando la persona que muere  es la madre.

Mi madre, una mujer de figura menuda, frágil, pero con una férrea voluntad para formar una familia fuerte, capaz de superar los embates de la vida con la entereza y valor que nos daba su amor, que nos hereda a sus hijos la misión de ser y de construir nuestra propia vida en libertad, matizada con su inconfundible huella de fortaleza, generosidad, lucidez y su maravillosa capacidad de amar a cada uno en su justa medida.

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