Tulcán en una tarde de domingo

Tulcán en una tarde de domingo.

 

Mi pueblo me regalaba una tarde serena,
la Bolívar y la Sucre reposaban casi adormiladas
la gente caminaba lentamente, indiferente
ajenos, aletargados y distantes.

Llevaba el volante del auto cadenciosamente,
la ciudad me regalaba un paréntesis de paz,
se veía serena, plácida y tranquila,
diría... amorosa, tibia y complaciente. 

Madre

 Madre 

 

Dedicado al mejor de los milagros, hecho mujer,
Doña Norma Italia Varela Robalino,
Y en ella a las madres de mi pueblo.  

Mujer de huella inconfundible,
creadora de nardos y de sueños
entregados con generosidad a la vida,
como suaves versos en el tiempo.

Mi hijo y la música del viento

 A mi hijo Jorge Humberto y en él un homenaje

al mejor de los regalos que puede recibir un ser humano

 

Mi hijo y la música del viento.

 

Pequeño soñador,
retador inconsciente de la vida.

Con pocos años, ya tienes un oficio,
el de ser atrapador de los sonidos de la vida.

De manera sorprendente apresas el silbar de la montaña,
y el murmullo de una noche de mi pueblo.

Más artículos...