Pacto con el Diablo.

 

Parroquia: Mira

Mira es un pueblo rodeado por grandes latifundios como: Pueblo Viejo, Pisquer, San Nicolás, El Hato, Mascarilla, Pambahacienda, San José, Huaquer y más.

Cuentan los mayores que el dueño de una de estas haciendas, tenía un pacto con el Diablo.

El Diablo ofreció a este hacendado en tierras lo que su vista alcanzara a divisar. Se le concedió, además de darle cajas de plata cada vez que él solicitara, plata que un peón conocido la secaba en el patio de la hacienda como si fuera maíz, después la guardaba en lo que llaman un zurrón, que es una cartera hecha de cuero de vaca, la mayor parte en un baúl grande acinchonado o amarrado con grandes correas. Este tesoro lo tenía en un cuarto recibidor. A cambio de esto, el patrón tenía que entregar la vida un peón de su hacienda y una yunta de bueyes.

Él, ordenaba a su mayordomo enviar con un mandado a tal peón y con una yunta de bueyes, quienes desparecían misteriosamente sin conocerse su paradero, nunca les encontraban ni vivos ni muertos. Esto cuentan que sucede hasta hoy día, el Pacto sigue vigente.

Cuando tenía que hablar con el Diablo, se citaba en una cueva o en un túnel subterráneo que había debajo de la casa de la hacienda, esta cueva estaba adornada con unas cortinas de color negro, y llegando al final de esta, había una mesa negra en la cual tenía que dar tres golpes y el Diablo aparecía para comunicarse con el compactado y atenderle en su pedido.

El latifundista siempre estaba borracho, cuando el mayordomo entraba a su despacho encontraba que en la mesa habían varias botellas y varios vasos aunque él bebiera solo. Cuando brindaba hablaba con alguien. Decía ¡salud¡ y pareciera que también alguien le contestaba ¡salud! Era como si estuviera compartiendo con otras personas porque se escuchaba mucho ruido.

Para completar el pacto, una de las acequias que traen el agua a Mira dicen que es construida por el Diablo, porque tiene unos tramos de difícil acceso que es casi imposible que haya hecho un ser humano y que es muy pesado en el sentido que existe un aire embravecido sentarse en la toma de la acequia.

 

Tomado del Libro “MEMORIAS DE MIRA”
Autor: Rosa Cecilia Ramírez Muñoz

Fuente Imagen: Wikipedia