Parroquia: Mira

Entre Huecas y Entierros

Una jorga de amigos, estaba emocionada porque llegó el mes de mayo, la época de la aventuras. ¿Qué tiene este mes de especial, pregunté?
Uno de ellos me contestó: Muchas personas nos dedicamos a la agotadora, pero grata tarea de buscar huacas, de preferencia esperamos la noche del 3 de mayo, día de la Santa Cruz.
-¿Y por qué esa fecha?, dije intrigado.
Otro de los integrantes dijo: durante todo el mes de mayo, pero mejor en esta fecha se puede observar que durante las noches y rara vez en el día, queman los entierros o huacas.
-¿Qué son las huacas? Dije mientras mis ojos se habrían por la curiosidad. Pero no supieron contestarme

Bohío de Santiaguillo, construcción del pueblo Pasto.

Las huacas, son entierros que dejaron nuestros antepasados, sepulturas que dejaron los antiguos aborígenes del Ecuador, ya que enterraban a sus muertos con todas sus pertenencias, que difieren unas de otras según el rango social al que pertenecían, porque pensaban que en la otra vida van a necesitarlas.

En estas hay toda clase de objetos, unos de valor, en otros solo ollas de barro, a las que se les llama infieles, hachas de piedra, pondos con chicha o utensilios que para los huaqueros no tienen mayor valor, aunque para la arqueología ecuatoriana representan las claves para entender nuestra historia. Hay que decirlo: muchos huaqueros, cada vez que abren estos entierros, eliminan con sus palas la memoria de un país.
Por eso pensé:
-Así, literalmente, arrasan con una evidencia arqueológica importante, que al ser estudiada por un especialista, servirá para la reconstrucción de la historia de nuestro pueblo durante las épocas anteriores a la llegada de los conquistadores. Porque hay que decirlo: aquí vivían pueblos con otras visiones del mundo. Eran los Señoríos Étnicos, del norte de Ecuador que comerciaban entre hermanos antes de la llegada de esa otra invasión: los incas.

-Las huacas, para los indígenas, son los tributos a sus dioses y cuando los enterraban realizaban complicados rituales. Lo que para el mundo occidental judeo-cristiano significan las catedrales, templos o sinagogas, para el mundo indígena eran sus huacas. Por eso resulta una tragedia cuando se profanan uno de estos lugares, sin los adecuados cuidados y estudios.
Haciendo una aproximación es como si alguien -de otra cultura- llegara a los santuarios y se llevara, por ejemplo, la Virgen de La Caridad, en medio del dolor de sus fieles. Eso ocurrió con los dioses durante la época de los señoríos étnicos. Llegaron los curas doctrineros y destruyeron sus dioses. A este proceso se llamó la extirpación de idolatrías porque en esas épocas -como las actuales- se creía que la cultura del vencedor rige también para el vencido.

Por eso hay diferencia entre las huacas y los entierros, porque estos últimos pertenecen a los jesuitas que abandonaron al apuro sus riquezas, cuando en el siglo XVIII el Rey de España decidió su expulsión. Aunque eran excelentes administradores, los jesuitas tenían un gran poder en toda América Latina. Solo en Ecuador poseían más de 130 latifundios y en el Valle del Chota grandes extensiones de tierras y 1760 esclavos negros. Además, traficaban aguardiente, como reseña el historiador Federico González Suárez, que también era religioso lo que no le impidió ser crítico de otros sacerdotes.

Así que los entierros de los jesuitas es posible que aún permanezcan en sus inmensas haciendas, pero -como astutos que eran- los guardaron bien.

Existen otros entierros que datan de la época de las guerras entre liberales y conservadores. Cuando ganaba un partido, los terratenientes contrarios tenían que cuidar sus pertenencias porque llegaban los milicianos para llevarse hasta la última talega de plata.

Pero hay tesoros de hacendados que -ante la carencia de bancos- guardaban sus heredades escondidas en enormes paredes de adobe o en sitios estratégicos. A veces para no dejar a nadie sus herencias, se morían sin avisar el sitio. Entonces a esos tesoros deben ir los llamados huaqueros y no a las antiguas moradas de los dioses precolombinos. Simplemente porque lo uno es como abrir una bóveda de metal guardada por años y lo otro significa profanar el legado de una cultura y lo peor del caso es que esa cultura es la nuestra.


Por suerte en la actualidad existe mayor conciencia de lo que la memoria arqueológica significa y los huaqueros de antaño ya no cuentan con las varillas de San Cipriano para encontrar estos fabulosos tesoros.


Entonces estos consejos a continuación son una recopilación de cómo en-contrar las huacas y los entierros, con la esperanza de alguno de los lectores o lectoras jóvenes se animen en la emocionante rama de la arqueología, para que nos muestren esa historia que aún no terminamos de escribir.

¡CÓMO ENCONTRAR UNA HUACA!

Los agricultores dicen que una señal inequívoca para encontrar un entierro o huaca se produce cuando están arando. Esto porque la yunta de bueyes se hunde en estos sitios debido a su peso. Entonces se presenta la evidencia de una huaca. Otro signo esta en un sembradío, un pequeño espacio de terreno que siempre está verde, aunque el resto está marchito, también durante la noche vuelan enjambres de luciérnagas o ninacuros como si estuvieran resguardando la huaca.

Los abuelos cuentan que en medio del terreno donde está una huaca se observa "quemar". Con esta palabra quieren decir que se produce una llama azul, que significa que en ese lugar existe plata, si la llama es amarilla brillante, simboliza que hay oro. Entonces se deja una señal - como piedras arrumadas-para a la noche siguiente realizar la excavación. Más, si hay conciencia de que es preciso preservar la memoria de un pueblo y si existen evidencias, es preciso informar a personas idóneas en arqueología, porque de lo contrario se puede causar daño a este sitio sagrado. La otra opción es comunicar a las instituciones encargadas de velar nuestra heredad, como es el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural del Ecuador.

 

LAS VARILLAS DE SAN CIPRIANO
Existen desde hace mucho tiempo, invariables métodos para encontrar los entierros, esas evidencias de tesoros que escondían los antepasados. Acaso, desde la época de los alquimistas, en sus laboratorios de metales inventaron un artilugio de maravilla para entrar a los tesoros: las varillas de San Cipriano. Se dice que son macho y hembra, construidas con aleación de metales secretos, donde, probablemente, se incluyen el mercurio y el imán, porque estas varillas -en manos expertas- ceden e indican el sitio donde se encuentra el oro.

Otra de las estrategias es acudir entre tres personas para formar un triángulo, que es -desde el tiempo de los egipcios- una figura mágica. Por eso es preciso acudir en números impares: tres, cinco, siete, nueve.
Los huaqueros deben tener un elemento indispensable, decían los abuelos. Era el aguardiente para tener valor y en caso que llegaran los espíritus defensores del tesoro, tuvieran ánimo para enfrentarlos. Otra treta era tener queso tierno para colocarlo en la boca. De esta manera -debido al embotamiento- únicamente podían respirar por la nariz, lo que supuestamente, claro está, les prevenía del monóxido de plata, conocido popularmente como solimán o antimonio. Esto se produce inevitablemente cuando se abre un lugar que ha estado cerrado herméticamente durante siglos. Aunque lo del queso no es científicamente comprobado, es probable que los abuelos igual se intoxicaban, pero al menos morían tranquilos.


¡COMO LUCHAR CON LOS ESPÍRITUS!

Entrada al caserío El Hato de Mira
Varias personas deben excavar la tierra hasta dar con el tesoro. Una debe vigilar en la superficie con acial, también conocido como perrero. Este fuete, denominado carrasqueo, es preciso blandirlo a diestra y siniestra, para evitar que los espíritus protectores del tesoro asusten o definitivamente se carguen a los huaqueros.

El cuidador con acial en mano, debe ser un tipo de coraje. Muchas veces, se comentaba, aparecían toros bravos. Alguna ocasión, un velador salió corriendo cuando se acercó una enorme culebra. Esta se introdujo en el hueco cavado, y aunque el tesoro parecía estar cerca, la tierra se endureció. Claro que la serpiente era una alucinación.

Es preciso batirse también con el miedo, porque durante la excavación se escuchan tropeles de caballos, lamentos y toda clase de ruidos extraños. Estos se producen para ahuyentar a los huaqueros. En cambio cuando se encuentra el entierro -al menos si es de la época colonial- aparece como un baúl pesado amarrado fuertemente con cinchas de cuero. Mientras lo llevan se escuchan rayos, relámpagos, truenos y una lluvia densa. Al final son únicamente ilusiones. Cuando los desprevenidos esperan que amaine el temporal, el baúl desaparece. Algo similar ocurre cuando alguien del grupo es extremadamente ambicioso.

Los que han cumplido estos requisitos es posible que tengan la recompensa de unas monedas de plata y de oro. Pero se conoce que muchas veces son otros los que se llevan el tesoro porque -por lo general- los huaqueros son codi-ciosos.

 

Tomado del Libro “MEMORIAS DE MIRA”
Autor: Rosa Cecilia Ramírez Muñoz