En este mes de mayo, quiero invitarlos a un momento de reflexión, respecto a la manera de llevar las familias cuando vivimos tiempos de inserción de la mujer en el mundo externo.

 

SER MADRE

 

UN ESTADO EN EVOLUCIÓN

 

Cuando pienso en mi madre, viene a mi mente la figura mítica de una mujer, que sostiene en una mano un rosario y en la otra una fusta, con la cual lleva a sus hijos por el camino del bien y de la fe, capaz de realizar los actos más sencillos y sublimes, llenos de amor, de disciplina y de entrega total, realizando tareas cotidianas como las de arreglar la casa, limpiarla, planchar la ropa, preparar la comida y tenerla a la temperatura perfecta, mientras reza para tener la protección divina que nos libe de todo mal y nos permita regresar salvos a casa.

 

Sin embargo la modernidad le ha permitido a la mujer acceder al mundo laboral, abriendo para ella una serie de oportunidades de trabajo, sociales, políticas, culturales, cambiando de manera radical el rol que durante milenios le había sido asignado.

 

 

Entonces la maternidad tiene otras implicaciones, le plantea a la mujer y a la familia otras reglas de juego, es evidente mirar en este tiempo a la madre con un celular en una mano y en la otra el manubrio de su automóvil, porque ha cambiando el rol social del ser sacrificado que se encarga de tener la casa en perfectas condiciones a ser ente activo en el quehacer de la comunidad, actuando en consecuencia como  un gerente que administra el hogar con órdenes precisas que las puede comunicar vía telefónica o electrónica desde su tablet mientras participa de una junta, cierra un negocio o elimina el estrés desde un spa.

 

Sería un error pensar que una de las dos maneras descritas esté  bien o mal, o puedan ser calificadas como mejor o peor, son los signos de los tiempos que se han modificado, es necesario reconocer que la composición de la familia ha cambiado, los roles han tenido que evolucionar, permitiéndole al hombre ser más cercano a la vida interna del hogar, el número de hijos ha disminuido, obligando a las familias a establecer nuevas formas de relación.

 

Creo que este proceso de cambio aun debe ser ajustado de manera consensuada en la pareja, para no tener familias disfuncionales o problemáticas, con hijos abandonados a su suerte en manos de terceras personas, de la televisión o el internet. En este mes de mayo, quiero invitar a un momento de reflexión, respecto a la manera de llevar las familias cuando vivimos tiempos de inserción de la mujer en el mundo externo y me parece que no hemos cubierto de manera suficiente las espaldas de nuestro propio hogar.

 

Jorge Mora Varela